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El niño uruguayo suele tener vínculo con el deporte. En un país como el nuestro, la inmensa mayoría corre detrás de una pelota ya sea para patearla con el pie, tirarla con la mano, pegarle con una raqueta o incluso si es ovalada y no es redonda.
Es por eso que muchos destacan en más de un deporte o puede apasionarle más de uno y es lo que ocurre con Bruno Fitipaldo, básquetbolista uruguayo de lujo que —sin querer— tuvo una revelación de su infancia.
A través de redes sociales, su sobrino contó una historia muy particular. Una torta, un deseo y una camiseta que no era la esperada.