El rincón de las arañas

El último pedido

4 Oct , 2017  

Prof. Hermes J. Sanabria

¿En cuántas películas habremos visto a esos condenados a muerte que piden un cigarrillo como última voluntad? ¿Cuántas veces cuando éramos chicos, nos mandaron cinco veces en una mañana al almacén, hasta que por lo general la madre se daba cuenta de que faltaba algo? ¿Qué padre no sufrió alguna vez al ver a sus hijos seguir anotando cosas infinitamente en la lista de los Reyes Magos? En cualquiera de esos casos, la frase “esto es lo último que pido” aparece como constante, aunque las circunstancias sean distintas.

Y si nos gustará a los uruguayos pedir, aunque ya no se estile más pedir “plata p’ al Judas” por ejemplo. La herencia de aquel gran arquero brasileño Manga, caló hondo en nuestra idiosincrasia, por lo que siempre estamos pidiendo más. Hay solo una cosa más persistente que un pedigüeño, y es un pedigüeño insaciable. Trasládelo al orden de la vida que usted quiera, por ejemplo, el pedirle jugadores al técnico de la selección.

Ni siquiera en un momento de tranquilidad y clasificación directa inminente, se salva el DT celeste de los pedidos de jugadores. Aun habiendo “pasado lista”, como se suele jugar con su condición de maestro, Tabárez ha logrado conformar las ansias de renovación del pueblo futbolero. Pueblo futbolero que, a la manera de aquellos condenados de las películas, de las madres que siempre parecían olvidarse de algo del almacén o de los niños que siempre anotaban un regalo más en la lista; tiene hoy un último pedido: Lucas Torreira.

Casi como la figurita difícil del álbum aquel de la infancia, como ese juguete que tanto esperábamos mientras venían cosas que no habíamos pedido, el volante de la Sampdoria ha logrado hasta ser parte de los deseos que pide la gente cuando sopla las velas en el cumpleaños o cuando pasa una estrella fugaz. No importa que Tabárez haya citado a los hasta poco preciados Nández, Pereiro, Valverde, Lemos, Gómez o Bentancur; falta ese nombre con el que nos hemos encaprichado como niños que no entienden que para que venga algo nuevo, tiene que salir algo viejo. Y a veces, no es tan fácil.

Ya sabemos que no es lo mismo pedir una pizza un lunes, que un sábado. Por eso, cuando nos dicen “su pedido ya está en la calle”, nos resignamos y esperamos porque no depende de nosotros. Quien sabe, tal vez el último pedido para la selección ya esté pronto para salir en próximas listas, mientras tanto nos unimos como los jóvenes en los recitales y cantamos “uno más, y no j… más”.

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